Durante el 2008 los nicaragüenses fuimos y seguimos siendo víctimas del hostigamiento de los “Consejos del Poder Ciudadano”. Los CDS “Versión 2007”, son según su creadora y principal dirigente, la primera dama Rosario Murillo, una forma democrática de organización ciudadana. Si los CPC, fueran meramente eso Murillo tendría razón. Sin embargo, los ahora “grupos de choque” y brazo paraestatal del gobierno, no tienen otro fin más que el de extender las redes de control presidencial, a todos aquellos que no comparten su forma de pensar o se oponen de manera frontal a su administración.
Las organizaciones civiles pueden, y deben, participar de los asuntos del estado, pero bajo ninguna circunstancia dirigirlos. Estos serían los principios en un país donde prevalece el estado de derecho, pero no en Nicaragua, en donde los CPC administran a discreción recursos económicos de las arcas nacionales.
Los CPC, distribuyen parte de los fondos del programa “Usura Cero”. Todo por supuesto, manejado bajo la más absoluta discreción y también “Cero” garantía de que el dinero sea efectivamente entregado a quienes más lo necesitan. Me pregunto quiénes formarán parte de los comités de crédito de los CPC, con qué calificaciones cuentan y bajo que criterios se seleccionan montos y destinatarios de los créditos?
Siendo que legalmente los CPC no son parte del estado, la Contraloría General de la República no puede auditarlos. Resulta pues, que nadie rinde cuenta claras sobre los fondos del Programa Usura Cero. No se conocen sus alcances y este programa se suma a la ya larga lista de fondos del gobierno a los que no se les conoce principio ni fin…
CPC en las rotondas
En el 2008 surgió otra faceta de los CPC, cuyo objetivo es castigar a cualquiera que no este de acuerdo con la administración Ortega-Murillo, pero que por supuesto sus defensores califican como manifestación del pueblo.
Después que Dora María Téllez llamara la atención con su huelga de hambre en la Rotonda Rubén Darío, los sandinistas decidieron que no podían permitirse un mínimo espacio de manifestación que los contrariara, fue entonces cuando colocaron personas con pancartas entre fuentes, jardines y figuras religiosas. Comenzaron como supuestos rezadores y luego vino la metamorfosis que los convirtió en figuras “decorativas” de las rotondas. Es casi imposible circular por Managua sin pasar por una de estas rotondas en las que un grupo de holgazanes pasan el día entero sosteniéndose la quijada y una que otra banderita, profesan amor y a la hora de la hora reparten garrote.
Desde hace meses de hecho y no por derecho, las rotondas pertenecen a los CPC. Imágenes como la de Jesús Cristo y la Virgen María, que son una muestra de la fe católica de un gran número de nicaragüenses, se ven opacadas ante la parafernalia propagandística. Estas imágenes sagradas que forman parte del centro de los altares en casas e iglesias, han sido degradadas por los CPC que les colocan inodoros portátiles a la par.
Pero quizás, la versión más oscura de los CPC, fue aquella dada en los días posteriores a las elecciones municipales. Los CPC se quitaron la mascara de rezadores y sacaron las uñas infundiendo el miedo de forma violenta. Cualquier tipo de manifestación en contra de las medidas ilegales y déspotas del actual gobierno, son ahora mandadas a acallar a través de los integrantes de los CPC, que armados de palos, morteros y piedras agreden a personas desarmadas que se disponen a ejercer su derecho a la protesta.
Para no ser señalados directamente, el partido de gobierno no utiliza a efectivos de la Policía y el Ejército. La estrategia apunta a lavarse las manos, pues no pueden ser señalados directamente por tales ataques. De esta forma los CPC como fuerzas de choque, hicieron alarde de su impunidad al operar bajo la sombra del partido de gobierno dañando propiedad privada y atacando a civiles, políticos y periodistas. Hasta la fecha nadie ha sido juzgado por tales agresiones.
Todo lo anterior apunta a que las protestas cívicas y pacíficas están quedando en el pasado, porque difícilmente los valientes inconformes cederán ante las amenazas, y así surgirán nuevos enfrentamientos como los últimos vistos en la Concepción y Nindirí. Ante una crisis económica que se profundiza y un gobierno silente que carece de una estrategia para enfrentarla. Ante el nepotismo, abuso de poder, pactos políticos y corrupción la población no dejará de manifestarse… yo me sumo!